RAFAEL D. GARCIA P.
Catecismo Noctúrnido
¡Divina nocte!
Contrafigura implacable,
única que resucita siempre,
inmediata después del ocaso...
Singular eterna bellez... estrellada.
Te escribo ¡oh! serena hermosa,
mis sueños, tristezas y alegrías,
cual acólito de las sombras y los silencios,
en el extasis sombrío de los grillos...
cúbreme con tu negro manto, de falenas y efímeras...
bajo una hoja marchita,
mi refugio entre lagartos y sierpes
noctámbulos hermanos todos,
en tu mágica compáñía silente...
danza con tus ardores ambiguos...
Tu luna fatídica y profunda...
sus hilos... tu telaraña,
donde mueren las estrellas,
violentas y refulgentes en su partida...
Madeja de sueños lejanos y perdidos...
Árboles moribundos en el infinito,
luz melancólica y serena,
cantar de ave de los sueños,
luminosa y diáfana de mis recuerdos...
Mis huellas son invisibles... mi pasado indescifrable...
Perfume exquisito y narcótico
en tu máximo, muero y retorno,
indefinidamente... verdes y negros,
entre murciélagos y retoños...
Una blanca flor me atrae, para sucombir en su néctar...



