LA LUPA - LECTOR DE PALABRAS QUE NO SE DAN
LIDIA CORCIONE CRESCINI
"Me gusta el silencio, en el silencio existen unas oportunidades mágicas para aprender. Si a mí me regalan un día de silencio, es un día maravilloso" (Ángela Becerra). Homenajeada en el IV Encuentro de Escritoras Colombianas (2007). Consejería de la Presidencia de la República Para la Equidad de la Mujer.
Hablando del IV Congreso Internacional de La Lengua Española, imposible no hacer énfasis en ello, evento que aunó a los seres humanos, desde los más letrados hasta los menos instruidos en la fiesta de "las letras" en donde se dieron cita los más versados en la materia para introducir a la lengua castellana un Texto nuevo de Gramática española y enaltecer a "Gabo", inigualable con su pluma mágica.
Bien vale la pena preguntarnos:
¿Qué reglas tiene la palabra que no se dijo? ¿ lo viable, lo pertinente, lo no pertinente, lo válido o lo inválido de la situación y aquella que de alguna manera como suele sucedernos se nos quedó en la punta de la lengua o en la punta del dedo cuando lo agitamos desesperados y lo golpeamos contra el otro indicando que ya va a salir y no quiere escapar?
¿El murmullo que roza el oído, el gesto que fluye espontáneamente, el ademán que corta la brisa, el susurro de la fuente, la palenquera que con su rítmico andar y su voluptuoso cuerpo transita por la calle Segunda de Badillo, te mira de reojo y sin decir nada deja detrás de sí incontables palabras ya sean de alegría, de insinuación o de congoja?.
¿Cuáles serían las reglas para el lenguaje tan usual, cotidiano, empírico y consuetudinario?
¿El apretón de manos, el abrazo lleno de algarabía que no te suelta y da palmaditas en tu espalda eufóricamente, el guiño que significa tantas cosas, la caricia sutil, el beso en la mejilla, en la frente o en los labios?.¿Será qué quién calla otorga o es al ojo de quién lo mira?
Sin mayúscula ni minúscula, sin acento, sin tilde, sin coma, ni punto y coma, sólo puntos suspensivos que se bambolean al vaivén...
¿Y cuáles serían las reglas para las palabras que pronuncia la brisa y nos dejan una estela de incógnitas no resueltas o quizás dejan entrever fonemas imaginarios que se conjugan y se compactan para quedar atrapados en un idioma, el idioma que sólo percibe el lector de ese gesto o ese ademán?.
¿Y, las del lenguaje mágico que abarca espacio y tiempo, luces y sombras, verdades o mentiras?.
Lenguaje no pronunciado, no escrito ni hablado ese que queda fuera de todo contexto, regla o normatividad.
¿Y qué decir del lenguaje de la sombra con musicalidad y movimiento, del árbol frondoso que no cesa de hablar y hablar y con sus palabras trasmite un voraz o apacible léxico que nutre las vertientes de los imaginarios? ¿Y qué del pincel que a través de su silencio extasía la palabra dejando plasmado en el lienzo su trazo irisado, imantado, queriendo alcanzar la inmortalidad al momento de la culminación?.
¿Qué hacer entonces, con esa palabra que no se pronunció y lo dijo todo? esa que atrapa los sueños y permanece presa en el laberinto interior y grita mil veces y su grito no se acalla y de tanto gritar se va apaciguando en la estancia al compás de la lentitud de lo eterno? Palabra que inicia como la mariposa, sus alas se posan para alimentarse de colores que emergen de la brisa, palabras que se despojan de la túnica para que su velo flote hacia oídos despiertos, palabra que bebe del cáliz para tocar el cielo y se eclipsa desvelada para descansar en el silencio.

